El barzón

 

 Esas tierras del Rincón

 las sembré con un buey pando,

 se me reventó el barzón

 y sigue la yunta andando.

 

Cuando llegué a media tierra

el arado iba enterrando,

se enterró hasta la telera,

el timón se deshojó,

el barzón se iba trozando,

el yugo se iba pandeando,

el sembrador me iba hablando,

yo le dije al sembrador:

–No me hable cuando ande arando.

Se me reventó el barzón

y sigue la yunta andando.

 

Cuando acabé de pizcar,

vino el rico y lo partió,

todo mi maiz se llevó,

ni pa’ comer me dejó.

Me presenta aquí la cuenta:

–Aquí debes veinte pesos

de la renta de unos bueyes,

cinco pesos de magueyes,

una anega, tres cuartillas de frijol

que te prestamos,

una anega, tres cuartillas

de maiz que te habilitamos,

cinco pesos de unas fundas

siete pesos de cigarros,

seis pesos... no sé de qué...

¡pero todo está en la cuenta!

...a más de los veinte reales

que sacaste de la tienda...

...con todo el maiz que te toca

no le pagas a la hacienda

pero cuentas con mi tierra

pa’ seguirla trabajando.

Ora vete a trabajar

pa’ que sigas abonando.

 

Nomás me quedé pensando:

sacudiendo mi cobija,

haciendo un cigarro de hoja:

–¡Qué patrón tan sinvergüenza,

todo mi maiz se llevó

para su maldita troje!

¡se me reventó el barzón,

y sigue la yunta andando!

 

Cuando llegué a mi casita

me decía mi prenda amada:

–¿On’ta el maiz que te tocó?

Le respondí yo muy triste:

–El patrón se lo llevó

por lo que debía en la hacienda,

pero me dijo el patrón

que contara con la tienda...

 

Ora voy a trabajar

para seguirle abonando,

veinte pesos, diez centavos

son los que salgo restando.

Me decía mi prenda amada:

–¡Ya no trabajes con ese hombre,

nomás nos está robando!,

anda al salón de sesiones,

que te lleve mi compadre,

¡ya no le hagas caso al padre,

¡él y sus excomuniones!

¿Qué no ves a tu familia

que ya no tiene calzones?

Ni yo tengo ya faldillas

ni tú tienes pantalones,

nomás me quedé pensando.

 

Me decía mi prenda amada:

–¡Que vaya el patrón al cuerno!

Cómo tuviéramos de hambre

si te has seguido creyendo

de lo que te decía el cura,

de las penas del infierno.

¡Viva la Revolución!

¡Muera el Supremo Gobierno!

 

¡Se me reventó el barzón

y siempre seguí sembrando!

 

Anónimo

Esta canción de origen porfiriano que alude a la “tienda
de raya” de los campesinos en las haciendas, la rescató la
cantante Amparo Ochoa en los años setenta.
Se atribuye a Manuel Muñiz

 

 

Fuente: Susana Cato, Fernando Orduña y Armando Ponce. 100 Poemas Mexicanos en Papel Revolución. Secretaría de Educación del Distrito Federal. Gobierno del Distrito Federal. México, primera edición 2008. 317pp.